"Confunde las letras", "su letra no se entiende", "lee muy lento": son frases que muchos papás escuchan en el colegio. Detrás pueden estar dos dificultades distintas, la dislexia y la disgrafía. Ninguna es pereza ni falta de inteligencia, y las dos mejoran con el apoyo adecuado.
- Dislexia: dificultad para leer. Disgrafía: dificultad para escribir.
- No son pereza ni falta de inteligencia, y pueden darse juntas.
- No hace falta esperar un diagnóstico para empezar a apoyar a tu hijo o hija.
¿En qué se diferencian?
Dislexia: le cuesta leer
Lee lento y con errores, confunde sonidos parecidos y tiene muchos errores de ortografía. Suele costarle "escuchar" los sonidos dentro de las palabras: notar que "sol" y "col" riman o que "casa" empieza con /k/.
Disgrafía: le cuesta escribir
Su letra es difícil de leer, escribe muy lento, se cansa al escribir o le cuesta pasar sus ideas al papel. Puede leer bien.
Pueden presentarse juntas y a veces van acompañadas de dificultades de atención.
Señales según la edad
- De 3 a 5 años: le cuesta aprender canciones con rima o recordar letras y colores, o agarra el lápiz de forma muy incómoda y se cansa rápido.
- Primaria: lee silabeando y no mejora con la práctica, repite los mismos errores al escribir, su letra es muy difícil de entender o evita leer en voz alta.
- Bachillerato: tarda mucho en las tareas, entiende poco de lo que lee por el esfuerzo que le exige o se expresa bien hablando pero no por escrito.
Escribir letras al revés a los 5 o 6 años es normal. Llama la atención si las dificultades siguen después de primero o segundo de primaria (7 u 8 años).
Tres mitos
- “Es pereza”. Falso: muchos se esfuerzan más que sus compañeros para lograr menos.
- “Se le pasará solo”. Sin apoyo, la brecha suele crecer y afecta su autoestima.
- “Es que no es inteligente”. Falso. Hay niños muy brillantes con dislexia: que le cueste leer no dice nada de lo capaz que es.
Cómo se identifica
Con una evaluación neuropsicológica o psicopedagógica, que mira cómo procesa la información tu hijo: lenguaje, memoria, atención y la coordinación entre lo que ve y lo que hace con la mano. No hace falta esperar el diagnóstico (que suele confirmarse hacia los 7 u 8 años) para empezar a apoyarlo.
Cómo ayudar en casa
- Lean juntos por placer, sin convertirlo en examen. Los audiolibros también cuentan.
- Valora lo que quiere decir más que la letra o la ortografía.
- Divide las tareas escritas en partes cortas.
- Si el colegio lo permite, usa el computador o el dictado por voz para tareas largas.
- Cuida su autoestima. Recuérdale lo que hace bien y explícale que su cerebro aprende a leer o a escribir de otra forma, y que con ayuda va a mejorar.
Cómo ayudar en el colegio
El colegio puede hacer ajustes en el aula: más tiempo en las evaluaciones, preguntas orales, material con letra clara o no pedirle leer en voz alta frente al grupo. Cuando el caso lo requiere, estos ajustes se formalizan en un PIAR (Plan Individual de Ajustes Razonables). Te orientamos sobre qué aplica para tu hijo y lo trabajamos con el colegio.
Cómo te acompañamos
En terapia para dificultades de aprendizaje combinamos psicopedagogía, neuropsicología y psicología para hacer un plan a la medida, de la mano con el colegio. Si la dificultad está sobre todo en el trazo (cómo agarra el lápiz, la presión, la forma de las letras), puede necesitar también terapia ocupacional; en ese caso te orientamos para complementar el proceso. Atendemos en Chía y de forma virtual.
Con el apoyo adecuado, un niño con dislexia o disgrafía puede aprender, disfrutar y demostrar todo lo que sabe.
La información de este artículo es orientativa y no reemplaza una valoración profesional. Cada niño es distinto: si algo te preocupa, consulta.