"Bullying Intelectual"

27.05.2020

Reconozco que la palabra bullying ha tomado un papel protagónico y a veces errado en nuestra sociedad porque definitivamente no todo lo es. Cuando hablamos de bullying debe ocurrir un acoso físico o psicológico repetitivo y producido de forma continua que de alguna manera genera malestar. 

Muchos de los adolescentes utilizan esta palabra para describir cualquier situación con pares, pero más allá de identificar si es o no un caso real de bullying, yo prefiero tomarlo como un término cargado de descripción, es decir, entiendo perfectamente como te sientes cuando lo que me quieres decir es que sientes que "te están haciendo bullying". 

Así me lo describió una vez una adolescente de décimo que intentaba describirme la situación de temor que la inundaba a ella y otros de sus compañeros en clase. La participación de muchos era castigada con sonidos, miradas, chistes, gestos y otro tipo de desaprobaciones, que evidentemente le daban a entender que lo que estaba diciendo no era precisamente algo "brillante". 

Lo más triste del asunto es que tanto ella como otros de sus compañeros que se sentían igual, eran realmente buenos y tenían un montón de conocimiento, digo yo, reprimido, por el temor a hablar y a la sensación de sentirse "menos" intelectualmente.

Hoy precisamente recordé esa situación y me puse a pensar que esto no es algo de los colegios. Situaciones así se viven en la universidad, en la casa y hasta en los trabajos. La falsa de creencia de pensar que somos "más inteligentes" que otros, hace que abramos una ventana de comparaciones donde si hay uno inteligente entonces hay otro que no. ¿Y cómo llamamos a ese que según nosotros no es inteligente? Yo he escuchado de todo y no soporto ninguna de esas palabras porque me parecen ofensivas, crueles y sin duda una comparación atroz que afecta el autoconcepto y la manera como pensamos de nosotros mismos. 

Personalmente, creo que las comparaciones intelectuales, al igual que las físicas, nacen de una idea estándar sobre nuestro rendimiento, en el cual todos debemos ser hábiles en todo. Debo ser bueno en matemáticas, en lengua, en deportes, en arte y en música. Debo ser brillante en todo lo que hago porque tengo reconocimiento, tengo éxito y me va bien. Perder una materia, un año escolar o simplemente no ser bueno en un área es condenado por muchos y aplaudido por aquellos que tienen un estándar rígido en su cabeza que no da espacio a las debilidades, a las fragilidades o a las dificultades. 

Nuestros niños y adolescentes crecen con esa idea y comienzan con conductas como la de burlarse de los otros cuando no saben o cuando les cuesta algo, convirtiéndolo en un símbolo de vulnerabilidad. Pero la realidad es que TODOS tenemos fortalezas y debilidades. Todo ser humano es bueno en algo y habrá algo que le cueste un poco más. Conocer tus fortalezas aumenta tu autoestima y tu confianza pero reconocer tus debilidades de da seguridad y te permite avanzar, porque tendrás que esforzarte el doble. Buscarás estrategias para aprender, distintas a las de los demás y sabrás cuando tienes anticiparte para pedir ayuda. 

Las debilidades cognitivas no son un símbolo de vulnerabilidad. No pasa absolutamente nada si no soy bueno en matemáticas, y uso mucho este ejemplo, porque realmente es un área en la que no soy hábil, a pesar de no haber perdido nunca la materia. Pero en la universidad pasé Estadística por la ayuda de una muy buena amiga. Sin ella, yo estaría todavía repitiendo. 

Por eso, hoy quiero invitarte a ver las debilidades cognitivas como algo normal, que debe aceptado y trabajado por todos y no debe avergonzarnos. Si por alguna razón no es suficiente lo que hacemos de forma individual y necesitamos ayuda de un profesional, tampoco lo sientas como algo "malo o grave". Aceptar y reconocer nuestras propias capacidades es sin duda, el primer paso para el aprendizaje. 

Eso es ser consciente de aprender. 

María Nelly Urbiña.

 Psicóloga U. Sabana. Esp. Evaluación Neuropsicológica. Mg. Neuropsicología Cínica